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En el mundo del sonido la “curva de respuesta en frecuencia” es la verdad revelada y que esta sea lo más plana posible la búsqueda del “Santo Grial”.

Sin embargo desde el punto de vista de la acústica de salas esto no exactamente así y la información que aporta es relativa y a veces conduce a errores.

La primera gráfica muestra las curvas reales de una sala de mezcla de sonido, antes y después de una intervención. Nos fijamos solo en la respuesta por debajo de 250 Hz.

Las curvas son tan similares que se aceptaría que las pequeñas diferencias se deben a una modificación en la colocación del micrófono de medida. Se podría concluir que la sala suena igual antes y después de la intervención.

Estas segundas son las curvas de la caída de energía en función del tiempo, Lo que los anglosajones llaman “waterfall”. Igual que en el caso anterior antes y después de la intervención.  

Antes de la intervención

En la primera gráfica se ve claramente que en algunas frecuencias la energía cae de manera muy lenta y se mantiene en el tiempo creando “crestas”. Sin embargo en la segunda estas desaparecen en el tiempo de manera similar que el resto de la señal.

Auditivamente la diferencia es muy evidente. En el segundo caso desaparece el “rumble”, la «suciedad» y la “bola” en graves que existía antes de la intervención, lo que contribuye a la definición en esa banda tan crítica y compleja de controlar en un recinto. 

Por tanto hay que darle a la curva de respuesta en frecuencia la importancia que tiene, que es mucha, pero no fijarnos solo en ella, buscando exclusivamente una respuesta plana como demostración de que la “sala suena bien”

En términos acústicos y por tanto de respuesta de la sala, da más información la respuesta en función del tiempo que la de función en frecuencia.

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